Me dicen viejas fablas que en esta sangre mía
alienta la insolencia de algún conquistador
que amó los vasos finos y amó la poesía
con fe de caballero y empeños de Señor.
Quizás de su sentido llegó la altanería que en mí vive perenne con lírico temblor,
y de él acaso llevó la gracia que tenía
para decir el verso, para lucir la flor.
Mi antepasado pudo también ser un pirata
de fúlgida cimera y de puñal de plata
que fue a todos los puertos, a Esmirna y a Estambul;
por eso pienso en veces, tras horas intranquilas,
robarme una Princesa que tenga en las pupilas
todo el añil profundo del horizonte azul.
Baudilio Montoya
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