miércoles, 18 de mayo de 2016

Guardián




Ayer cuando la tarde comenzaba
a teñir el silencio de los cerros,
un magnate engreído
por el triste poder de su dinero,
con la violencia de su carro airoso
salvajemente me mató mi perro.

Se llamaba “Guardián”, un can humilde,
sencillamente bueno,
que celebraba siempre mi llegada
al regreso del pueblo
encendiendo sus ojos en cariño,
sus ojos tan alegres, tan sinceros.

Conteniendo el dolor que me causaba
el brutal atropello,
abrí una fosa en mi jardín añoso
cerca de la sombra del rosal más viejo,
y lo enterré yo mismo con mis manos
-yo fui el sepulturero-,
cubriéndolo con tierra, suavemente,
como con un piadoso terciopelo.

Y le recé:-“Guardián”, no te sorprenda,
los hombres son así: malos y ciegos;
a imagen del Señor de los espacios
todos dizque están hechos,
y sin embargo violan sus sentencias,
todo lo que es elemental y bello,
las flores que comienzan su milagro,
los lirios inocentes, los corderos,
y en la oscura insolencia que los mueve
no sienten pena de matar a un perro,
un perro como tú que vigilaba
la querida heredad con su desvelo,
y cuidaba la casa y los caminos,
y la fuente, y el huerto,
y las tiernas palomas que arrullaban
de tarde, en el alero,
cuando el ocaso comenzaba en rasos
el nido fiel para el primer lucero.

Descansa en paz, “Guardián”, en el regazo
Que ahora te deja el funeral misterio,
y no tengas en cuenta al criminoso
que con la fuerza de su coche negro,
atropelló tu contextura humilde
y te apagó los ojos tan abiertos;
descansa ya bajo las verdes frondas
de mis rosales viejos,
que seguirán dejándote piadosos
todo el amor de sus retoños nuevos.

Mientras duermes tu noche interminable
entre el arcano que sostiene el tiempo,
yo quedo en esta feria de la vida
pensando, repitiendo:

-Mejores que las almas de los hombres
cargadas de tragédico veneno,
deben ser para Dios, a esta hora,
las almas inocentes de los perros-.


Autor: Baudilio Montoya

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