Como te ves de lindo
así dormidito...
como cierras tus ojos
de manso bovino.
Cómo muestras airoso
al guiño de tu ombligo.
Como muestras la hendidura
de tu cremallera abierta...
Me la pone dura
como espada de Atenas
me la pone recta...
como para el sombrero de niebla
lista y dispuesta a la batalla sangrienta
que en caricias culmina el sudor de la cabeza,
el agua del alma...
de la riqueza etérea.
El sudor maldito que en tus poros comienza
y en tus labios claudica la belleza extranjera.
De sentir otro cuerpo,
otra cabellera
que sienta los labios míos
y todas mis vergüenzas
las añoranzas perdidas
de viejas princesas
que a su borreguito quisieron con ansias discretas
y les dio placer oculto con la asperes de su lengua,
con sus cachos malditos
y el caudal de su fuerza.
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