viernes, 23 de enero de 2015

Del Éxodo



Del éxodo

Yo fui Argonauta;
fui un marinero de noble pauta
que el horizonte miró pasar,
mi barco supo tumbos violentos,
que entre los vientos
despeinaron,  locos,  el mar.

Ciegos países
de cielos grises
vieron mi planta de viajador,
y  tras el paso por cien desiertos,
llegué a cien puertos,
y en cada puerto, tuve un amor.

Yo fui un pirata,
tuve una fina daga de plata
que alguna tarde quise romper,
y en la tragedia de un abordaje,
di mis tesoros , di mi coraje
por las caricias de una mujer.

Fui un bandolero de estirpe airosa,
de una altanera vida azarosa
por las bellezas que hallé en el mal,
y en mis jornadas rudas y fieras,
sostuve el gesto de mis maneras
y la elegancia de mi puñal.

Con los bohemios, rodé en las noches
cuando en sus cuerdas urdía en reproches
el bandolín;
fulgían las luces extravagantes
eran las copas más insinuantes
llenas del vino mejor del Rhin.

Yo fui un poeta; canté a las rosas
y a las gozosas
flores que se abren en el alcor;
canté a los montes, canté al aprisco
y fui sencillo como Francisco
oyendo el trino de un ruiseñor.

Y fui un Gitano; por duros sinos
corrí la angustia de los caminos
con la gitana que amaba yo;
la quise siempre,  porque era buena,
pero una noche de luna llena,
se me murió.

Ah... cuántas veces, graves albures
logré jugarme entre los tahúres
con un tapete de maldición ,
y cuántas veces,  con gesto fuerte,
llamé a la Muerte,
para jugarle mi corazón.

Todo en mi empeño ya está cumplido;
y si ansié la gloria, hoy quiero olvido
para mi afán;
porque yo como Cristo,  pude ser bueno,
pero los hombres y su veneno
me hicieron malo como Satán.

Ya está vencida la vida mía,
y en la agonía de su fervor,
mientras contemplo los sueños muertos,
voy recordando que fui a Cien puertos,
y en cada puerto,  dejé un amor.

Autor: Baudilio Montoya

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