Del
éxodo
Yo
fui Argonauta;
fui
un marinero de noble pauta
que
el horizonte miró pasar,
mi
barco supo tumbos violentos,
que entre
los vientos
despeinaron,
locos, el mar.
Ciegos
países
de
cielos grises
vieron
mi planta de viajador,
y tras el paso por cien desiertos,
llegué
a cien puertos,
y en
cada puerto, tuve un amor.
Yo
fui un pirata,
tuve
una fina daga de plata
que
alguna tarde quise romper,
y en
la tragedia de un abordaje,
di
mis tesoros , di mi coraje
por
las caricias de una mujer.
Fui
un bandolero de estirpe airosa,
de
una altanera vida azarosa
por
las bellezas que hallé en el mal,
y en
mis jornadas rudas y fieras,
sostuve
el gesto de mis maneras
y la
elegancia de mi puñal.
Con
los bohemios, rodé en las noches
cuando
en sus cuerdas urdía en reproches
el
bandolín;
fulgían
las luces extravagantes
eran
las copas más insinuantes
llenas
del vino mejor del Rhin.
Yo
fui un poeta; canté a las rosas
y a
las gozosas
flores
que se abren en el alcor;
canté
a los montes, canté al aprisco
y
fui sencillo como Francisco
oyendo
el trino de un ruiseñor.
Y
fui un Gitano; por duros sinos
corrí
la angustia de los caminos
con
la gitana que amaba yo;
la
quise siempre, porque era buena,
pero
una noche de luna llena,
se
me murió.
Ah...
cuántas veces, graves albures
logré
jugarme entre los tahúres
con
un tapete de maldición ,
y
cuántas veces, con gesto fuerte,
llamé
a la Muerte,
para
jugarle mi corazón.
Todo
en mi empeño ya está cumplido;
y si
ansié la gloria, hoy quiero olvido
para
mi afán;
porque
yo como Cristo, pude ser bueno,
pero
los hombres y su veneno
me
hicieron malo como Satán.
Ya
está vencida la vida mía,
y en
la agonía de su fervor,
mientras
contemplo los sueños muertos,
voy
recordando que fui a Cien puertos,
y en
cada puerto, dejé un amor.
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