Ni en la piedad, ni en el amor, ni en Nada
estaba la verdad tan perseguida,
ni en el anhelo firme de la huida,
ni en la ilusión tan suspirada.
No estaba en las caricias que la Amada
nos entregó con ansia estremecida
ni en la esperanza de Bondad ceñida,
ni en la breve ventura malograda.
Fervorosos, con ímpetus de empeño,
por el azul dominio del ensueño
a quien la vida le aventó su lodo,
buscamos con afán lo que quisimos,
aunque en la ruta infiel, nunca creímos,
¡oh Corazón!, que nos mintiera todo.
Baudilio Montoya
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