viernes, 23 de enero de 2015

Universo

Vivo alegre en mi monte, con la fuente
mirífica y sonriente
que en su oculto cordaje
afana abecedarios musicales;
con el sencillo y rústico paisaje
que diluye su púrpura en las lomas,
mis nevadas palomas,
y una banda errabunda de turpiales.

Sostiene mi jardín una galana
promesa de rosales tempraneros,
tengo una flauta hermana,
y un cielo de azulosa porcelana
donde Dios apacienta sus luceros.

Y una mujer de manos abaciales
-sol en la sombra mía-
que me quiere con mimos virginales,
suave como el dulzor de los panales
y más buena que el pan de cada día.

Nada me falta ya, nada me afana;
atrás deje con su mentido empeño
la mezquindad humana
que le cortó las alas a mi ensueño;
ausente de su culpa, sin testigo,
escondo en el silencio mi deseo
que no sabrá el amigo
con perverso semblante de Proteo.

Ya sólo espero en gracia deseada
el fin de la jornada
próvida por su fruto de dolores,
y que en hora clemente,
me ayuden a morir piadosamente
mis pájaros, mis árboles, mis flores...

Baudilio Montoya

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